Tuesday, October 28, 2008

Violencia y periodismo

Reporteros en zona de guerra
Octubre/2008

TIJUANA, México.- Agazapado detrás de un vehículo Sergio Ortiz se protege de las balas. Está en la línea de fuego durante un tiroteo en la colonia Loma Dorada, donde sicarios al servicio de un supuesto narcotraficante apodado "El Muletas", se enfrentan con fusiles de alto poder a policías y soldados. Su única arma es una cámara fotográfica con la que intenta captar la mejor imagen para el periódico en el que trabaja. Las ráfagas de los AK-47 retumban ante el tímido clic del obturador. Adrenalina pura. Zona de guerra.
El riesgo de ser alcanzado por una bala es inminente durante la cobertura noticiosa de esta violentada ciudad fronteriza, donde las últimas seis semanas se han registrado varios tiroteos entre supuestos narcotraficantes, policías y militares, además de las ya habituales persecuciones a balazos y ejecuciones al estilo de la mafia, las cuales han dejado un saldo de más de 160 muertos en ese período.
Por ello Ortiz, al igual que otros reporteros de Tijuana, han decidido portar chalecos antibalas durante su tarea diaria.
"Nuestro trabajo se ha vuelto más delicado, el peligro está latente, estar pensando que una bala perdida te puede tocar", comenta este reportero gráfico del diario Frontera, empresa que decidió dotar a sus reporteros de la nota policíaca con chalecos antibalas.
Todavía sin acostumbrarse a ese escudo, el fotoreportero comenta que portar el antibalas lo hace sentir un blanco más. La violencia suscitada en Tijuana les ha cambiado la dinámica y su vida personal.
"De unas semanas a la fecha siente uno como paranoia, salgo de casa y estoy volteando para todos lados, voy espejeando en el carro, revisando que no venga un convoy de carros, no precisamente porque me estén buscando, sino que son precauciones porque está pasando por todos lados, esta gente está llegando a cualquier hora y en cualquier lugar y te puedes cruzar en un mal momento", dice Ortiz. "Como periodistas estámos en más riesgo, pero le está tocando a todas las personas que viven en Tijuana, creo que estamos viviendo una paranoia, como el fin de semana que hubo fuegos artificiales (durante un concierto) y empezaron a hacer llamadas de que eran balazos".
Daniel Salinas, reportero del mismo diario, explicó que otra de las medidas que la empresa ha decidido tomar para protegerlos, es firmar notas, artículos o reportajes sobre el crimen organizado como "Redacción/Frontera".
"Los reporteros han estado expuestos a eventos de alto impacto, si no se ha muerto uno es de milagro, por eso para estar protegidos se decidió adquirir chalecos, aunque la instrucción es no acercarse demasiado a los hechos", mencionó Salinas.
Jorge Fregoso, reportero de Síntesis TV, es otro de los que también porta chaleco antibalas.
"Decidimos conseguir chalecos porque la situación se ha puesto cada vez más complicada, es una manera de prevenir, no porque exista una amenaza directa, sino que puedes ser blanco de una bala perdida…, por experiencia sabemos que esta gente busca desestabilizar y los periodistas son blanco de esta situación", comentó Fregoso.
Como reporteros, dijo, han tomado otras medidas extra, como dejar espacio entre los vehículos mientras conducen en caso de que ocurra algún altercado y tengan oportunidad de escapar.
"En cuanto a la vida privada tratamos de evitar ir a ciertos lugares, tratar de ser precavido", comentó. "Porque estamos viviendo cosas que no se habían visto antes: doce cuerpos tirados, más de cien muertos en un mes, entambados en ácido, calcinados, balaceras a plena luz del día".
Los tiroteos de los narcotraficantes han llegado a decenas de víctimas inocentes, una de las más recientes fue un bebé que iba a bordo de un vehículo que conducía su papá y que chocó cuando un grupo de sicarios empezaron a hacer disparos a diestra y siniestra.
Said Betanzos, reportero de Televisa, dijo que la directiva de noticieros de la empresa les ha pedido a sus reporteros y camarógrafos no acercarse a las balaceras para evitar tragedias.
"Nosotros no portamos chalecos, en los casos de alto impacto, por medidas de seguridad, la instrucción es ir al lugar hasta que se acabe el tiroteo, para no exponernos, nuestro jefe nos ha dicho que más vale perder la nota que perder un amigo, que no quiere héroes, claro, nosotros vamos porque nos gusta, pero se toman las debidas precauciones", dijo Betanzos.
Para Rosario Mosso, reportera del semanario Zeta, la mejor protección es verificar la información que se va a publicar.
"Nosotros tenemos más de 20 años lidiando con estos temas, siempre hemos tenido cuidado de verificar nuestras fuentes con la regla de tres, confirmamos con tres partes diferentes la información que nos llega, para estar seguros que lo que vamos a publicar sea verdad", comentó la discípula del extinto y reconocido periodista Jesús Blancornelas.
El trabajo periodístico de Zeta es diferente al que realizan los diarios de Tijuana, dijo Mosso, ya que es una labor más de investigación que de reportar los hechos, no obstante la instrucción para la cobertura de las balaceras es básica: no exponerse y seguir las indicaciones de las autoridades presentes en el incidente.
Esa es la dinámica a la que se enfrentan los reporteros en esta ciudad que se ha convertido en un zona guerra considerando que durante las últimas semanas se ha superado el número de muertos en comparación con Bagdad.
"Si tomas en cuenta las cifras que ha arrojado esto, más de 160 muertes en 38 días", agregó Daniel Salinas, "que durante dos semanas tuvimos un promedio de un asesinato cada tres horas, de que estamos expuestos a tiroteos y fuegos cruzados, sí podemos decir que estamos en una zona de guerra".